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Se le llamaba "La Cuadra". Las caballerías, como en todos los trabajos del pasado, cumplieron un papel importante. El número de ellas variaba según las necesidades pero nunca bajaban del medio centenar de mulos y de ocho a diez caballos. EL número de estos últimos descendió a cuatro cuando se construyó la carretera. Al cuidado de ellas que lo hacíasn con esmero, estaban los cuadreros que tenían a punto los aparejos y las monturas. Se encargaban de la limpieza de las estancias y del pajar. En este servicio pasarán largos años de sus vidas José Antonio, Rafael Díaz, su hijo José, Rogelio y Manuel.
El lugar era punto de referencia en la vida cotidiana, no sólo por ser céntrico e idóneo para reuniones informales en su pórtico, sino porque también mitigaba el intenso frío del invierno el ambiente creado por las caballerías.
*(Fuente: "La Minería de Serón. Menas", autor Miguel Reche Sánchez)
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