Almacén
El Almacén General constituía la central por donde se recibía, se controlaba y se distribuía el material de la empresa. El edificio era de las mismas caracteríasticas que el taller y Diessel. Formaba ángulo con éstos cerrando un considerable espacio. Disponían de una constante y diversa actividad.
El material se retiraba con un vale extendido por el jefe de la sección que lo solicitaba. Pero además, los miembros de la empresa podían retirar enseres para el hogar, como podía ser: un grifo, bombillas, cristales, carburos, botas altas de goma para la nieve, etc, etc., claro que con el vale personal del Director.
El almacén tuvo una significación especial en la vida del Coto, debido al que fuera su jefe desde 1911, D. José Castillo, que empezó en la Sociedad Cabarga S. Miguel, hasta que en 1958 se jubiló en Menas.
El Sr. Castillo, además de ser un caballero, fue un excepcional trovero, que cantaba lo que vivía y vivía lo que cantaba. Así lo ha catalogado el pueblo de La Unión en un homenaje que le tributaron en el año 1952, considerándolo como uno de los más descollantes cultivadores del trovo.
Cuando llegó a Menas se le conceptuó "un tipo de cuidado", revolucionario y libertino, lo cual le hacían persona "non grata" para la permanencia en la Empresa. Pronto descubrió el Director, D. Joan Schwarze Müller, alemán, que se trataba de una infame y desprestigiosa calumnia, no teniendo prejuicios para hacerlo hombre de su confianza y así permaneció en la Empresa durante 45 años. (1). Fue querido y respetado por todos, a pesar de tener momentos ásperos y vocingleros con quienes trabajaban con él. Se sensibilizaba con las necesidades de las personas y, en la medida de sus posibilidades, las socorría. Era muy dado a solicitar en verso todo cuanto necesitaba y a plasmar en jocosas poesías los sucesos de carácter local y eran objeto de diversión para todos los convecinos. En cierta ocasión solicitó del Director le acondicionara el corral ante el inminente invierno, pero el jefe de obras no parecía tener prisa en atender la nota que le pasara el Director con tal petición y por eso le envió el siguiente soneto. Ni que decir tiene que fue inmediatamente atendido:
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Ya anda el frío rondando los corrales,
y al que enclavado está mirando al norte,
no habrá dentro de poco quien soporte,
el rigor de los hielos invernales.
Se me mueren de frío los animales;
y, pues, que como a mí no hay quien le importe,
al alcalde acudí de Casa y Corte,
en busca de remedio a tantos males.
Su excelencia me dio grata acogida,
y hasta el lápiz tomó, mas no recuerdo
si escribió en la libreta consabida.
En conclusión: Si mis gallinas pierdo
y certificara el médico: "¡De frío!",
el corral suyo ¡dejaré vacío!
Murcia, 1912
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(1) Díaz Martínez, Luis. Vida del trovero Castilla. Murcia, 1972.
Extracto del libro "La minería de Serón-Menas", págs. 44 y 45