El Revellín y la Cuesta de los Muertos (1917)

En aquella lejana época era el sitio predilecto de los muchachitos para ir a jugar a las chapas.

Se juntaban unos cuantos y como la puerta no estaba siempre cerrada entraban y tenían el sitio ideal, tranquilos para sus juegos.

Desde el Revellín es verdad que hay una vista panorámica ideal.

La última vez que estuve en Serón hará unos ocho años fue uno de mis recorridos preferido y estaba algo abandonado.

Bueno los muchachitos también miraban el paisaje y desde allí se veía la Cuesta de los Muertos, otro sitio de juegos.



Al cabo de varios días se dieron cuenta que delante de la Almazara, en el sitio reservado a la carga y descarga, había un carro que parecía abandonado.

Decidieron de ir a jugar.

Dicho y hecho, bajaron 7 ú 8, entre ellos Pedro “El Carpio” y mi hermano Juan, la mitad se montaron en el carro y los otros empujaron. Como la cuesta es muy pendiente, el carro tomó brío como una centella y vino a parar a la carretera en la esquina de la venta de nuestro tío Alfredo “Patitas” primo hermano de mi padre. El carro se desmanteló y los muchachos cada uno por su lado con rasguños y heridas leves. El más grave fue nuestro Juan, pues se hizo un corte en la cabeza y sangraba mucho lo que les asustó:

-“Anda Juanico no tengas miedo, esto no es nada”

Y para cortarle la sangre se les ocurrió ponerle un puñado de tierra, y le pusieron la boina en la cabeza. Pero sangre tenía en la cara, en las manos y se dieron prisa para subir a los caños que había en la carretera en el muro de la Plaza Nueva (no sé si aún están). Estos eran para los animales cuando venían de los campos cargados y allí podían desalterarse.

Se pararon, mojaron sus pañuelos y limpiaron la sangre de Juan:

-“Anda Juan, ¿ves?, ya no se nota nada”

Y cada uno se fue para su casa pero todos amedrentados.

Juan entró directamente a su cuarto que compartía con su hermano Paco con la excusa de sus lecciones.

Pero a la hora de la cena él temía que se dieran cuenta y no se quitó la boina.

La abuelita, la Mamachón dijo:

-“¿Qué es eso Juanico de sentarse en la mesa con la boina?

Y él dijo:

-“Tu sabes, abuelita, como se me sube el pelo, parezco un payaso. Lo he mojado y me dejo la boina para domarlo"

Juan era rubiales y rizado.

Se puso también mi madre en la conversación y mi hermano le contestó:

-“Bueno, madre, déjeme ya en paz y cenemos”

Juan se acostó enseguida cosa que extraño a su hermano:

-“Juan que te pasa ¿Te peleaste?”

-“No, no tengo sueño”

Mi hermano Juan Martínez Sorroche.Nació en 1907. En esta foto tendría unos 7 años y la historia que cuento pasó poco más o menos 3 años después.

De una manera u otra, la boina estuvo dos días en la cabeza de Juan, pero al tercero no tenía ganas de comer y entonces la abuelita lo miró bien y le dijo a mi madre:

-“Ángeles mira a este niño, no tiene ganas de comer, está pálido y yo creo que tiene fiebre”

Juan temblaba de mal y de miedo. Pero al quitarle la boina se asustaron, parece ser que había hasta gusanos y una buena infección.

Mandaron a por Don Pepe el médico y vino enseguida, pues le dijeron que un chiquillo de la tía Ángeles se había herido de la cabeza y estaba mal. Vino con el que les ayudaba a poner las inyecciones, curar algunas heridas, sacar dientes, etc.

Cuando Don Pepe vio el panorama exclamó:

-“Agua hervida caliente y Juanico tenemos que pelarte”

-“Eso no, eso no”

-“Bueno, por lo menos tenemos que hacerte un trasquilón para limpiarte tanta marranería”

Pasaron un buen rato con él hasta que todo quedó limpio. La abuelita se asustó porque la herida sangró de nuevo, pero el médico le dijo:

-“Eso es bueno, ¿no ve que sangrar rojo es sangre limpia? Ahora a coser tres o cuatro puntos, un buen vendaje y a la cama, reposo y nada de castigo. Bastante lleva ya sufrido.Yo volveré mañana a ver como se porta.”

Por la noche en el casino se reunieron los habituales, Don Pepe era asiduo y, claro, habló de las ocurrencias de los muchachitos.

Resulta que entre los habituales de la tertulia estaba el amo del carro que no le sentó nada bien. Las familias tuvieron que pagar la restauración.

En el casino los habituales se pasaron un buen rato con las fechorías de los chiquitos.

A Juan lo pelaron y pasó una temporada con gorra, la boina hubo que tirarla.

María Martínez Sorroche
(Enero de 2008)


Fotos de Fredy (2007 y 2008)






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