El cerezo de la tía Portala (1921)

El cerezo

Debajo de la plaza nueva había una balsa. Por cierto que no era agradable esa balsa descubierta en el pueblo, donde la gente iba a tirar toda clase de "marranerías" incluso los gatitos a ahogar.

Bueno, a mano derecha de la carretera baja el camino rodeando la balsa y en frente estaba la casa "cortijo" de la tía Portala. El camino seguía hasta el chorrillo.

Esta señora era una mujer trabajadora y fuerte pero iletrada. Eso no impedía en nada el ser inteligente, pues ella llevaba sus negocios bien en mano, prestaba dinero a gabela y sus cuentas las hacía con palitos de madera. Hacía lo siguiente: cuatro palillos verticales y uno horizontal para el cinco. Si eran reales un pequeño signo y si eran pesetas otro. El caso que no se equivocaba en sus cuentas.

Al mismo tiempo tenía un huerto debajo de su casa o sea cerquita, en el camino del chorillo donde pasaba el chorrear de la balsa. Así tenia siempre las lechugas más tempranas y más tiernas y todas clases de legumbres. Además el famoso cerezo en el que los chicos jóvenes soñaban. Pues se, por experiencia propia, que eso era costumbre. Un año en nuestra huerta teníamos un cerezo garrafal que era un regalo para toda la familia. Se juntaron con mi hermano Juan, los primos y amigos, para darle un repaso decían ellos. En la bullía que se formó se subieron 6 o 7 grandullones y el cerezo que estaba en el ribazo cayó al bancal de abajo con todos. El susto fue grande, pero a los mozos no les pasó nada. Les regañaron mucho y nos quedamos sin el cerezo. Lo que nos hizo llorar a nosotros los pequeños.

La tía Portala fue muy astuta y puso un cable con un cencerro grande de su ventana al cerezo. Hizo sus ensayos, en cuanto se subía alguien al cerezo, el cencerro la despertaba y no tenía ni necesidad de bajar. Desde su ventana tiraba fuerte de la cuerda y se formaba tal estrépito que ella terminó con esa plaga y podía vender las cerezas.



1928 estación de Francia en Barcelona

Más tarde a nuestro regreso de Francia en 1927 e instalados en El Prat de Llobregat barriada de Barcelona (1928) yo ya con mis 14 años tuve ocasión de verlos. Pues tenían una hija, por cierto muy agraciada, casada con José Mateo hermano de mi tía Herminia, la mujer de mi tío Rogelio Martínez "Patitas". Vinieron al Prat como todos, buscando una vida mejor. Mi madre les ayudó en lo más indispensable como buscándoles casa. Yo había ido alguna vez a ayudarle pues mi madre seguía siempre los buenos preceptos y me decía:

-"María, ve a echarle una mano a la señora Encarnación, pues no anda muy bien."

(En Barcelona no se usaba el decir tío o tía sino señor o señora.)

Yo siempre tenía tiempo pues trabajaba en "la fábrica de la seda de Barcelona" y hacíamos turnos, una semana de mañana y otra de tarde. Eso me dejaba tiempo libre para mis lecturas y las obras benéficas de Ángeles, mi mamá (aquí tengo que decir que empecé el trabajo a la edad de 10 años en una fábrica de seda en Francia en 1925).

Los abuelos, o sea la tía Portala y su marido, vinieron de Serón a visitar a su hija y familia. Claro que mi madre se alegró mucho de verlos después de tanto tiempo en nuestros viajes. Siempre se tenía una buena relación con esta familia.

Así que cuando decidieron de volver otra vez al pueblo, mi mamá y yo fuimos a acompañarlos con la hija a Barcelona, a la estación de Francia, que así era en aquella época la estación la más importante.

Una vez en la estación me dejaron a mí con el padre y los bultos de equipaje:

-"Quédate tu Maria con mi papá que como hay tiempo vamos a comprar unas cosas en la estación misma."

Pasó un tiempo y el abuelo estaba de más en más nervioso. Había máquinas en la terminal y algunas empezaban seguramente a prepararse cuando se dio cuenta que la primera que teníamos delante empezó a silbar y salía humo. Él se creyó que el tren ya se iba y, antes que yo me diese cuenta se aproximó corriendo y dirigiéndose al maquinista le dijo:

-"Por favor buen hombre, espérese usted un poquito que venga mi Remedios..."

El maquinista le contestó:

-"No se preocupe que tendrá tiempo, el tren no sale todavía".

Puede uno figurarse que el abuelo seguramente no había salido de viaje más lejos que Tíjola y lo que suponía para el la agitación y la multidumbre de una grande estación en una ciudad como Barcelona.

María Martínez Sorroche
(Francia enero 2007)


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