El tío Raspa

En 1952, cuando vine por la primera vez, después de la guerra de Francia, a visitar a mi familia, cuando tenía un rato, al atardecer, me refugiaba en la azotea de nuestra casa de la placeta del Pilar para impregnarme de ese paisaje tan querido que pronto tendría que dejar. En verdad, la contemplación de esos paisajes tan únicos de la sierra de los Filabres, rodeando Serón era para mí una dicha.

Las vecinas venían mucho para estar con nosotros, y hablar en la azotea. El tiempo era todavía muy caluroso y solíamos aprovechar de esos maravillosos ratos del atardecer.

Yo que era y sigo siendo curiosa de todos los acontecimientos, les propuse que me contaran el caso del tío Raspa para refrescarme la memoria porque debía haber olvidado algo.

La amiga de mamá, la tía Emilia dijo: "¿cómo es posible que aún recuerdes esto, pues tú lo debiste saber porque te lo contaron?"

-"Pues si, es verdad que me lo contaron, pero yo conocía al tío Raspa y a su esposa y si se quieren acordar tenían dos hijas María y Remedios. María se casó con un primo hermano de mi mamá, Antonio Pozo, y Remedios era una amiga íntima que venía mucho a casa. Estaba casada con un Corella, que por cierto, no andaba muy bien de la cabeza y bebía mucho.

Yo, siendo nena me acuerdo como mamá y Remedios su hija, se reían de la manera como engaño a la pobre gente ignorante de los cortijos y algunos del pueblo.

En aquellos tiempos la gente, mismo los que tenían instrucción, estaban fanatizados por la religión, y el tío Raspa que era un hombre listo se aprovechó de la situación. Este hombre era tintorero y vivía mas o menos de su oficio. Las mujeres tejían mucho en sus casas y se hacían mantas y cobertores que luego el teñía. Aunque iban viviendo y tenían casa propia, no estaban en la abundancia.

Por aquella época, hablo de hace mas de cien años, se dió en Almería un pererinaje para ir a Roma y no se por donde el lo supo, pero se inscribió y fue.

Cuando regresó de Roma, para aquella gente tan simple y de buena y mucha fe, el ir a Roma y ver al papa era como si hubiese estado en el cielo y visto y tocado al mismo Dios y Jesús.

Como era tan listo, el se preparó un "modus vivendi". La gente del pueblo, no todos estaban atontados pero todo esto lo tomaron a guasa y le dejaron hacer. Se corrió la voz por aquellos cortijos del Angosto, la Jauca, el Hijate etc, que el tio Raspa venía del cielo y aquellas pobres mujeres empezaron a venir a verlo preguntandole incluso por las personas difuntas que ellas querian:

-"¿Es que ha visto usted a fulano?"

-"Pues si ", decía el.

-"¿Y cómo está?"

-"Pues bien, pero de comida regular."

Y las mujeres se marchaban y cuando venian otra vez traían la mula cargada con toda clase de vituallas, huevos, jamones, aves, conejos, etc, etc. El pueblo se reía y lo dejaban hacer.

  Después, con la ayuda de su esposa Anica, para contentar a la demanda de esa pobre gente tan crédula, hizo creer que podía hacerlos aparecer, pero no podía decirles en que forma, en un objeto cualquiera, o animal o persona. Incluso se decía que tendía unas sabanas de un árbol a otro en el jardín, pasaban el burro y decían que la silueta era la del desaparecido.

Esto fue un negocio, además se otorgó unos poderes tales que incluso curaba, le traían a las criaturas enfermas y el llenaba un frasco de agua, le ponía unas gotas de su tintura y le daban una cesta de huevos.

Pero no se contentó con eso, la codicia fue creciendo y se puso en relación con una señora del pueblo, una ricachona beata e ignorante, la señora Mariquita tía lejana de la madre de Luís Cano. Esta se creyó todo y incluso el  le vendió 10000 reales de gloria, pues ella creyó que de esta manera tenía su sitio reservado en el paraíso. !Llegó a vender gloria en botellines!.

Aún fueron mas lejos, pues por medio de la señora Mariquita se formó un círculo de beatas ignorantes y ciegas. De este círculo, el tío Raspa era el alma y para él, todo el beneficio.

La cosa tomo tal cariz que el asunto llegó hasta el obispo de Almería porque celebraban misas negras y el tío Raspa era el oficiante. Claro está, hubo un gran escándalo, y la gente de Serón no se lo tomaron ya en broma.

Ni yo ni las vecinas nos acordábamos de la sanción que la iglesia les dio. No sería grande porque yo los seguía viendo cuando era niña y como ya digo, mi mamá y Remedios, una de sus hijas, cuando se encontraban juntas, solían hablar de esto y se reían mucho y fue seguramente de oírles que me quedo esto en la mente.

La madre del tío Raspa

Era yo muy chiquitina, 5 o 6 años. Mi abuela me llevaba de la mano cuando íbamos a la acequia donde se lavaba la ropa y donde cerca había la destilería de aguardiente.

Justo después de la iglesia, en la esquina que bajaba a la acequia la última casa era la del tío Raspa, la tintorería daba al canal de agua.

En la puerta, sentada en una silla bajita, todos los días al sol, estaba siempre una anciana muy viejecita.

La "Mamachón" mi abuelita decía que era la madre del tío Raspa que tenia 115 años y que le habían vuelto a salir los dientes de delante.

Cuando nos marchamos de Serón que tenia yo 9 o 10 años en 1924 ya había muerto la viejecita, el tío Raspa su hijo y el yerno "el Corella" marido de la hija Remedios quedando esta sola con su madre dona Anica y 3 hijos, dos niñas y un varón. Fue parte de la causa de nuestro primer exilio a Francia para juntarnos con ellos en Lyón.

Me viene a la memoria que en ese primer viaje de regreso al pueblo, viniendo yo de Francia vinieron varias personas de los cortijos preguntándome si yo podía darles noticias de sus hijos exiliados también en Francia. Esa pobre gente se pensaba que al ser refugiados estábamos todos juntos.

Maria Martínez Sorroche



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