Los baños en el aljibe (1922)

La vejez tiene ciertas ventajas. Como estás sola y te sobra tiempo, puedes pensar y si tienes memoria vas a buscar en lo más recóndito algún hecho lejano.

Yo en la mesita de noche tengo siempre algo para ojear o leer y, la otra noche, di con uno de esos folletos que hacen creo yo propaganda de Serón y sus alrededores. Me gusta de vez en cuando ojearlo y recordar. Ya no es el Serón que dejé porque muchas mejoras se han realizado y me encanta que sea así.

Bueno, en ese folleto leí: "Fuencaliente Aljibe" y como el sueño falta a los ancianos pensando, me acordé de nuestros baños en el Aljibe.

Se tenían que transportar colchones, mantas y cacharos de cocina. Nuestra tía Remedios tenia un pequeño cortijo por encima de la balsa. La tía era una prima hermana de mi papá, del lado de los Canos. Ella disfrutaba de juntarnos, sobre todo a los niños. Los baños eran para Encarna, Juan, mi mamá y yo. La abuelita se quedaba en casa, en la Placeta del Pilar, con Rogelio y Paco. Juan hacía un viaje con la carga y luego Venía a buscar a Encarna, mamá y a mi con la yegua pinta y la burra. La yegua, blanca con pintillas color vino era dócil y fuerte y a todos nos gustaba montarla, aunque siempre eran los mayores los que aprovechaban.
Esta excursión se hacia después de la trilla, en esos días calurosos tan fuertes de fin de Julio y primeros de Agosto. Mi mamá montaba en la yegua, Juan llevándola del ronzal, y Encarna y yo en la burra. Cuando seguíamos la carretera de Alcóntar ya estábamos esperando con ansia el ver la balsa donde pasábamos momentos tan felices.

Antes de llegar a la balsa había una pequeña bajada y ya se veía el cobertizo hecho de cañas donde uno se desnudaba para ponerse el bañador. Eso a la derecha, según mis recuerdos, y en frente de la bajada había una especie de tienda, era una sola habitación donde se vendían gaseosas, dulces para los chiquillos y varias cosas. Entre la balsa y la tienda había una subida y en lo alto, casi abandonado, el cortijo.

La tía Remedios nos esperaba, y ella con nuestra madre organizaban la estancia. En la pieza de abajo los colchones y mantas eran preparados para los niños. Por la mañana después del desayuno y los juegos íbamos a la balsa y ese primer baño era una delicia. En la caseta pasaba una hila de agua y en los bordes había multitud de caracolillos pequeñitos de color oscuro. Durante unos momentos nos distraían, pero lo mejor era la entrada en la balsa, esa sensación de bienestar del agua calentita. Vigilados por Juan y Encarna no nos dejaban adentrarnos pues la balsa se estrechaba y te daba miedo, pues te decían:

-"Mira que allí hay un ojo de mar".

Después de este baño, subíamos la cuestecita y corríamos a la mesa muchas veces puesta fuera con buenas cosas, tortillas, jamon, frutas.
Una buena siesta después de algunas peleas por el mejor sitio, descanso y otra vez el baño.
Este era el mejor, pues había más gente y jóvenes. Yo me acuerdo de los bañadores que llevaban las chicas: un pantalón hasta la rodilla y un vestido por encima, todos azul marino con entrador rojo o blanco en las mangas cortas y en el escote. A los pequeños no se hacia tanto caso, con la saya y una braga había bastante.
Pero era tan agradable el estar jugando todos juntos bajo la vigilancia de Juan.
Después al salir de la caseta ya vestidos nos llevaba a la tienda y nos compraban un vaso de gaseosa y algún caramelo.
Por la tarde en la puerta de la caseta tienda, sentados en unas sillas había dos hombres que tocaban la guitarra y cantaban, aun me acuerdo de una de las canciones, posiblemente una sevillana:


"Esos dos que están
Bailando, la que
Lleva el delantal
Es la novia de mí
Hermano, ya tengo
Yo una cuñá"

Y otra vez para el cortijillo donde todo estaba preparando para la merienda y las juergas.
Así pasábamos unos días tranquilos aunque mamá no quería estar mucho fuera de casa.



Antes íbamos una vez a Fuencaliente, mamá iba con la tía Remedios y sus niños y Juan les acompañaba. Encarna montada en la yegua y yo en la burra les seguíamos. La yegua iba delante a su buen trote y yo detrás llorando porque tenía miedo de quedarme sola. Encarna que tenía cinco años más que yo se paro y me riño:

- "Llorona".

Se quitó una orquilla del pelo y me dijo:

- "¡Achúchale y veras como andará!"

Eso hice, con tal pinchazo la burra dio un salto con una fuerza fuerza que ni me di cuenta pues parece ser que perdí el conocimiento.

Esto último lo se por que me lo contaron:

- "vaya Mariquita que susto nos ha dado".

Lo que si recuerdo es que Encarna debió recibir algún castigo pues lloraba en un rincón.

Todo volvió al orden y al entrar en casa las fiestas estaban cerca y los preparativos te ocupaban y la espera de las buenas cosas te consolaba.

En cuanto a mi tía Remedios Cano y su familia se marcharon a Argentina donde tampoco les fue muy bien. Cuando mi hermano Rogelio de Francia se exilio en Argentina en 1950, mi madre que de Serón mantenía una correspondencia con ella escribió a la tía para ver si podía abrirle el camino pero su situación económica lo impidió. Mi hermano Rogelio murió ahí en 1988 y desde entonces no se sabe nada de esa familia.

Maria Martínez Sorroche (Enero de 2007)






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