La muerte en el tren. Drama familiar en 1902.

Las ideas, los recuerdos, quedan archivados en nuestro cerebro durante años y años, y luego de repente se produce como un despertar intenso y te viene la memoria, por ejemplo, la lectura de un libro, un hecho que lees en un periódico, una conversación. En fin, el caso es que estos días mi cabeza le da vueltas a la historia de la familia.

Mi abuelita Encarnación a la que llamábamos "Mamachón"” tuvo cuatro hijos, la mayor era Ángeles nuestra madre, luego Antonia María, Dolores y Paquito.

Este último se fue a la Argentina y no dio noticias a su madre en 15 años. Fue una de las causas de nuestra salida de Serón en 1924 y de nuestras andanzas por Barcelona, Lyón en Francia y otra vez Barcelona, eso para quedarnos juntos mi madre sus cinco hijos, mi abuela y luego al regreso de mi tío de Argentina la hija de Paquito mi prima "la niña" que años después tenia el horno de la puerta de la iglesia.

Lo que ahora me obsesiona son las conversaciones que oí cuando mi abuelita, para desahogar su tristeza, hablaba con mama. Mi abuelo materno nacido en 1848, yo no lo conocí, murió arrollado por el tren, paseando vía adelante embozado en su capa, no oyó el ruido del tren de mercancías (he leído estudios en la revista Al Cantillo que dicen que la línea de ferrocarriles fue abierta por el año 1895).

Este fue el primer dolor de la abuelita. Él se quedó huérfano jovencito, era herrero y amante de sus hijos y esposa. Hizo por que sus hijos se instruyeran y mamá nos contaba como ella aprendió a tocar la guitarra para complacer a su padre. Este seguía los progresos y su mayor alegría era de sentarse al fresco de la azotea de la casa de la calle del Pocito Viejo escuchar a su niña y comprobar los progresos que hacía. Se que mamá dijo que cuando su padre murió, ella colgó la guitarra. En cuanto a mi abuela materna, nacida en 1854, era sobrina de Don Epifanio del Pozo.

Antonia María Sorroche Pozo

Antonia María, la segunda, era una belleza, alta, esbelta, rubia, en eso debía parecerse a la abuelita por que ella también era alta y delgada como así fue también mi hermana Encarna.

En esas conversaciones que tenían las dos para consolarse mutualmente yo escuché muchas cosas y detalles que a pesar de mis ochos años recuerdo y que luego ya algo mayor le hice contar a mamá y a Encarna.

En aquellos tiempos tan lejanos las costumbres y diversiones eran tan simples como juntarse varios amigos e ir a la estación a pasear. Está a un kilómetro y medio del pueblo de Serón y la familia tenia amigos, los Carbonell, que llevaban una tienda. Allí se juntaban para ver pasar el tren.

En uno de esos paseos, cuando el tren se presentó, en el último vagón como siempre iba una pareja de guardias civiles, las chicas a penas hicieron caso, pero uno de los guardias civiles, le dijo a su compañero:

-"¿Has visto que muchacha tan guapa? ¿Quién es? ¿Tú la conoces?"

-"No creo y es de Serón pero es la primera vez que la veo por aquí."

Tanto le gustó Antonia María, que después de su servicio hizo todo para conocerla, la supo enamorar y después del tiempo necesario para un noviazgo en aquellos tiempos, se casaron.

Parece ser que cuando salían de la iglesia, la gente los admiraba. Él era un hombre apuesto y guapo, vestido con el traje de gala, negro galoneado de oro y rojo, la espada al cinto y el famoso tricornio en el brazo, así era el uniforme oficial de los guardias. Era sargento de un puesto algo lejos de Serón, pero en la línea del tren.

Ella vestida de blanco con sus flores de azar, rubia, bella y radiante. Creo que fue una boda en la que el pueblo tomó parte. María Antonia era conocida por su gentileza y todos la querían así que fue una fiesta para todos, se comió, bebió y se arrojaron puñados de peladillas al salir los novios. Estas eran las costumbres y todos los chiquillos corrían a recogerlas.

El equipaje de la novia, es decir "el ajuar", en el que con tanto amor todos habían participado, dos grandes baúles, con toda la ropa y accesorios se mandó al cuartel donde iban a vivir los recién casados.

Ellos salieron para un corto viaje de novios.

Las familias se despidieron y se separaron también. Los padres del marido yo nunca supe de donde eran, pero muchas veces escuchaba a mi mamá y la abuelita lamentarse de no haber investigado más a fondo, pero parecían buenas gentes y correctos naturales de un pueblo algo lejos de Serón.

Después de su corto viaje de bodas los recién casados se instalaron en el cuartel del pueblo donde él estaba destinado, no recuerdo donde, más lejos de Purchena.

Antonia María escribía a su madre regularmente, pero a la madre le pareció que sus cartas no desbordaban de alegría y felicidad como es natural entre recién casados. Ella le contestaba y en una de ellas le dio la idea que probablemente podía estar en espera de maternidad y que estaría cansada y quizás triste de verse lejos de la familia.

La abuelita contestó a una de sus cartas y le anunció que aprovechaba que una señora del pueblo hacia un viaje cerca del cuartel y que con ella mandaba a Dolores su hermana pequeña (esta tenía unos 14 años así que esos acontecimientos pasaron de 1900 a 1902):

"...para que tu hermana te haga compañía mientras tu marido esta fuera por su servicio ... y hasta que yo te sienta más animada... Tú sabes querida hija cuanto te quiero, y cuanto te queremos todos y queremos que seas feliz y que te vayas acostumbrando a tu nueva vida..."

Dolores se fue y estuvo con ellos una temporada, la abuelita se quedó más tranquila, y Dolores escribió que toda iba bien aparte que Antonia María había adelgazado y eso era porque no tenía apetito. Todo eso aun pensando a un embarazo duro como suelen ser. Pero lo que les extrañaba era que ella no se lo había contado, quizás pensaban por toda la pudibundilla de la época.

La abuelita les anuncio que iba a hacerles una visita y volvería con Dolores pues ya la necesitaban en casa y escribió a su hija:

"Y tu te vienes con nosotras, unas días de cambio te harán bien..."

La tragedia

Lo que sigue es lo más trágico, lo más triste y un golpe terrible para todos, pero sobretodo para la abuelita.

En el cuartel todo estaba preparado para el viaje y esperaban a la abuelita y aquí vino el terrible drama.

Dolores salio a lavar unos pañuelos a una pila que había en el patio. Ella dejo al matrimonio hablando normalmente y de pronto sintió disparos, ella tuvo como un presentimiento, corrió a la casa, la puerta estaba entreabierta, la empujó y se quedó paralizada.

En un chorreo de sangre bañaban los dos. Después de darse cuenta de lo que veía, gritó y pidió auxilio, pues Antonia María yacía muerta en los brazos de su esposo y él también estaba muerto.

Fue terrible e incomprensible para Dolores que se encontraba sola ante un dolor tan grande de ver a su hermana querida muerta y ensangrentada, ella que hacia unos minutos preparaba su equipaje con tanto afán y alegría.

A Dolores la recogieron unos vecinos y quedó tan tocada que no supo más tarde dar ninguna explicación.

Qué madre no sufre mil muertes al ver a una hija en esas condiciones en el depósito, lo que hoy es la morgue, y con toda clase de murmuraciones, el porqué la mató y el porqué se suicidó.

Esto se aclaró en la autopsia. El marido, a resultas de un accidente de caza, se quedó impotente, es decir sin virilidad y ella después de siete meses de matrimonio, virgen, intacta y así pudieron establecer los motivos de ese drama.

Él estaba enamorado y ella también, pero era una situación tan triste y penosa que no tenía solución.

Entonces el pensó que al irse con su madre hablarían y la realidad se haría luz y el no quería perderla prefería terminar con la vida de los dos.

Fue un calvario para la pobre abuelita y una gran tragedia para toda nuestra familia y luego rencores y cóleras con la familia de él, pues ellos estaban al corriente y tenían que haber impedido el matrimonio.

Si Antonia María hubiese hablado con su familia, el matrimonio hubiera sido anulado por la iglesia (pues no había sido consumado). Por eso el pobre hombre tuvo miedo y terminó con sus vidas.

Para la familia fue una desgracia terrible e inesperada. El sufrimiento quedó latente en el corazón, sobretodo en la abuelita.

Estos hechos ocurrieron mucho antes de que yo naciera y de que muriese mi papá, pero a pesar del tiempo transcurrido siempre que estaban juntas y solas mi mamá y la abuelita tenían un recuerdo lleno de tristeza y emoción para Antonia María y al hilo de estas conversaciones yo fui enterándome de lo ocurrido que más tarde me contaron mamá y mi hermana Encarna.

Reflexionando hoy en el caso de mi vida me doy cuenta que fuimos una familia con muchas penas y sin suerte pero a pesar del exilio siempre he tratado de conservar el roce escribiendo mucho y con algún viaje cuando se presentaban ocasiones propicias .

María Martínez Sorroche


Documento:

Cartas de mi padre Juan Martínez Cano a mi madre Ángeles hermana de Antonia María

Se puede observar la carta de luto que se usaba en aquel tiempo.

En la primera mi padre hace alusión al viaje de mi abuela "la Mamachón" que provoco indirectamente el crimen y el suicidio.

Se nota, como lo digo en otra historia, que mi padre y mis tíos eran recoveros. Ahí se encuentra en Granada y da los precios de los huevos y el aceite.


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