La huelga de la cebada (1923)

En mi primer viaje después del exilio, en 1952, en los pocos días que el gobierno franquista me dejó visitar a mi madre y mi hermano mayor Paco en Serón quería aprovechar de todo y por las noches Paco me daba las noticias de todos los acontecimientos pasados después de la guerra civil y también me refrescaba la memoria sobre hechos de mi juventud.

Empezó con el caso de Juanico el de Anselmo:

-"Este era un hombre culto, más bien socialista, y su familia estaba emparentada con nuestra madre Ángeles Sorroche Pozo, pero en sus tiempos jóvenes mas bien pertenecía, por su nacimiento, a la "aristocracia" del pueblo e hizo estudios de derecho.

En varias ocasiones aconsejaba a los mineros como, por ejemplo, en la huelga llamada "de la cebada" de la que quizás tu no te acuerdas y que casi te costó la vida a ti, pues le aplicaron se puede decir "la ley de fuga".

Bajaba corriendo por nuestra cuesta viniendo del Cantillo. La Tía Pepa la Boticaria al sentir el tropel, salió a su balcón y cuando disparó la guardia civil la bala pasó a un dedo de su cara y fue a caer a tus pies. Esto era tarde en la noche, tu sabes que nuestra madre era y aun sigue siendo una lectora empedernida, bien, ella leía y tu dormías en la mecedora en la habitación de abajo que entonces era una cocina.

La bala como te digo cayó a tus pies y fue pura suerte que no te mató.

La bala, pues, en poder de nuestra madre y como testigos principales ella y la tía Pepa. Tuvieron que ir a Almería a declarar. Se fueron por las sierras, la tía Pepa montada en una mula y mi madre en su yegua.

Pero a Juanico no le encontraron, era muy querido. Más tarde supimos que lo habían escondido en una solana. El comité de huelga fue detenido en El Rascador de Las Menas. Todo el pueblo andaba sobresaltado, los guardia civiles que venían de afuera, patrullaban en las calles".

Yo le dije a Paco:

-Pues sí, me acuerdo y lo que me cuentas sobre Juanico el del Anselmo pasó durante la huelga de la Cebada después del detalle que se ha grabado en mi memoria. Creo que yo debía tener unos 6 años y tú sabes como los chiquillos andábamos siempre detrás de todos los sucesos del pueblo. Yo me acuerdo de la huelga y de ver las mulas cargadas con la cebada y las mujeres rompiendo los sacos con cuchillos en la plaza del medio. La cebada era lo que permitía el funcionamiento de las minas principalmente, pues al no haber carreteras todo el material se subía a Las Menas por caminos muleteros.

Me acuerdo de ver a la guardia civil con las armas apuntadas sobre las mujeres y gritos, y –"¡alto, alto"! de los guardias y de pronto un silencio y desde el balcón de los Ramírez apareció el anciano con el pecho atravesado de un fajín y la gente gritó:

-"¡el general, el general!"

Este señor dijo: ¡”alto! ¡Alto! ¡Retírense ustedes, mientras yo tenga vida en Serón, no habrá muertos!

Más tarde supe que el señor del balcón era un general ya jubilado y la guardia civil se retiró. También se decía que, en los Canos había muertos.

_"Me doy cuenta, dijo Paco, de que tu memoria te es fiel, aun que hechos tan importantes y crueles suelen marcar la imaginación de los niños".

Seguimos hablando de Juanico de Anselmo que era un hombre bueno, de ideas sanas y sobretodo un buen consejero para esta pobre gente tan ignorante y tan explotada.

En otro rato, si tengo coraje, recogeré en el texto de mis memorias el recito de la muerte horrible que el pobre sufrió al final de la guerra.

Esa huelga que paró a todo el coto minero me hace pensar en todos los terribles acontecimientos y el sufrimiento que luego viviría en mi larga vida pero también a todos los testimonios de solidaridad en las luchas. En este caso es cierto que todo los Seroneses empezando por las mujeres pasando por los comerciantes jugaron un papel admirable.

Hoy día, cuando veo la manera en que se vive y las desigualdades todavía siento mi corazón "hervir" con la rabia de no tener menos años, mejor dicho de no estar más joven y lanzarme otra vez en la lucha.

Pero también me alegro de que hombres y mujeres de cultura actúan para no olvidar esos hechos. Para que decir que el trabajo de un descendiente de mi familia, mi sobrinillo Juanito Torreblanca Martínez, hijo de mi sobrina Carmela, "El movimiento obrero en la cuenca minera de Serón Bacares (1900-1933)" que analiza este periodo y lo pone en perspectiva me causó un gran placer.

Así pude situar mis recuerdos de los acontecimientos.

Y leyendo lo que ha escrito puedo decir que ese día que dio el nombre de la huelga (de la cebada) era en el mes de junio 1923 y yo no tenía 6 años pero sí 8 y medio).

(Se puede recordar el cuadro donde pasaron esos acontecimientos en los años 1910, 1920. Toda la madera servia para las galerías de las minas y desaparecieron los pinos. El monte se quedó pelado.)

En la azotea de la Placeta del Pilar todos los fines de tardes solíamos pasar un buen rato mirando el panorama de la sierra. Hacia la derecha empezaban a verdear los pinos que habían estado ausentes desde muchísimos años.

Mamá me dijo:

-"No se si te acuerdas que una vez te conté que todos esos montes eran majestuosos pinares propiedad de la familia de "los Correllas". Esta familia lo vendió a las compañías mineras y estas lo explotaron a tope, dejando esos montes tristes y desnudos. Era una dicha el mirar el monte y ver el verdor de los pinos. Hasta parecía, según como el viento venía, que te llegaba el perfume. Me alegro mucho que estén repoblando de nuevo aun que no lo veré cuando este en su esplendor".

María Martínez Sorroche


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